Primer día en la Oficina de Empleo

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Primer día en la oficina de empleo. Una chaqueta de traje, una buena corbata, mocasines lustrosos y un poco de colonia. Cojo el autobús. No hay dinero suficiente para permitirse un transporte privado. Dentro del autobús siempre me encuentro con un hindú que trata de venderme un seguro. Un seguro hindú en España. Siempre me dice:
-Señor acepte la oferta-y decía susurrando- que si no me matan.
Y yo le digo:
-Oye cabrón, todos los días me dices lo mismo y aquí sigues. Vivo que yo sepa. Hijoputa.
Tras este tipo de escenas matinales, llego al centro. Camino hasta llegar a la Oficina de Empleo. Un edificio de mierda, de verdad. Fuera ves a gente de toda clase haciendo cola. Un cani me mira con cara de: ” ¿no serás tu el menda que tiene que darme trabajo?. Me acojona, de verdad, siempre lo veo en el aparcamiento haciendo trucos con la navaja y metiendose rayas de M que parecen una autopista.
Tras esto entro al edificio. Lo único que veo son hombres maduros de 45 años con un encelafograma plano de un par de cojones y barriga cervecera. También puedo divisar la oficina del que tiene que ser el supervisor. Seguro que es un cabronazo de los buenos. Y seguro que cuando llega la época de vacaciones invita a todos los de la oficina a una barbacoa en su casa para ganarse su favor y que nadie le queme el coche.
De repente aparece el que tiene pinta de supervisor. Un tío calvo, con gafas hombre de negocios, un traje gris planchado perfectamente y con una cara de hijoputa que no puede se real. Me mira como si fuese una mierda de las grandes, de las apestosas, y me dice:
-Mesa 17. A trabajar.
– De acuerdo-mientras pienso en estrangularlo por tener esa actitud de sargento cabronazo conmigo y con todo ser vivo que le rodea-
Me siento en mi mesa. Un montonazo de papeles. Los miro, uno detrás de otro. Expedientes de empleo. Un coñazo de los buenos, teniendo en cuenta que 3 de cada 4 son de gente que no tiene ni la ESO. Desde mi mesa, puedo ver como se agolpan los desempleados en las puertas que pueden ser abiertas de un momento a otro.
Las puertas se abren. La gente comienza a tomar puestos. Me toca el primero. Se sienta y le digo.
-Buenos días, sáqueme el DNI y el currículum.
-¿Cómo? A mi no me dijeron nada de currículum.
-¿DNI?
-Tampoco.
– Vete a tomar por culo de aquí. A mi no me la cuelas.
Los parados iban pasando. Yo los miraba con cara de aburrimiento. Las mismas historias, los mismos putos dramas de siempre. Creo que este trabajo me ha hecho apático. No me transmite tristeza esta gente.
Pasa un chaval joven. Con cara de querer dinero rápido. Le digo:
-Toma este número. Llama y diles que vas de parte de Ramírez. Empiezas mañana. Mil por cada 10 gramos.
-Eeemmm…. A que se refiere….
-Tu llama que te va a venir mejor que cualquier mierda que puedas conseguir aquí.
La mañana iba pasando. Yo ya estaba hasta los cojones de tener que llamar al de seguridad para que tuviese que echar a la puta calle a los que estaban descontentos. Que se jodan. Que se callen la puta boca y que no armen jaleo. Ellos no tienen en cuenta si por algún casual tienes resaca. Cabrones desagradecidos.
De repente pasa una mujer. 50 años diría yo. Voy y le digo directamente:
-Mira esto es una mierda y lo máximo que puedes conseguir aquí es repartidora de pizza. Llama a este número y diles que eres de Ramírez. Te conseguirán algo bueno.
-Disculpe…
Me encantaría que pudieseis ver la cara de subproducto de la especie humana que puso. Es como si le hubiese soltao un hostia verbal.
-QUE PASA. Seismil por un kilo. Desde Colombia. Pagan bien por un trabajo bien hecho.
La mañana iba terminando. Pocos clientes venían. Pasó por delante de mi un chaval de 19 años. Apestaba a hierba, y le dije:
-Psst. Tú. Si tú. Ven pa´ca.
-Que cojones quieres.
-Tienes un mierda de hierba. Sientate aquí y revisa todos estos expedientes de empleo. Y termina rapidito por que si no llamo al segurata y alomejor también a los guardias. Ah, y como no cambies de camello te denuncio personalmente.
-De que cojones vas tío.
-Voy de que tengas este número y llames de parte de Ramírez. Te puedes llevar un dinero por pasar hierba.
Terminó el día. Yo volví a mi casa y me di una buena ducha. Salí y me llamo mi colega dándome las gracias por sustituirlo en la oficina de empleo. Ah, por cierto, Ramírez es el colega y el numero que le daba a la gente era el del supervisor. Es que, tío, se folló a mi novia.

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