Cartero, como el bueno de chinaski

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10.30 de la mañana. Aquí me encuentro. Agobiado de cojones por que hoy es el último día para meter la matrícula a mi nuevo instituto. Quedan 10 minutos para el recreo. Me apresuro a la jefatura de estudios para poder llamar a mi casa. Lo podría hacer en en baño con mi propio móvil, pero quiero que sepan que de verdad necesito salir para hacer esa gestión. De normal, con 17 años y en 4º de la ESO, si pides permiso para irte o bien te vas a fumar porros con tus amigos; o ta vas a fumar porros a tu casa. Habitualmente yo no salgo de clase; mi padre es un cabrón muy listo y sabe que si salgo de clase no es ni por que estoy malo ni por que ”tengo un examen y no he estudiado”. Lo último no es del todo falso, pero mi padre sabe que me la suda presentarme a un examen sin haber estudiado.
Entro en la jefatura de estudios. La jefa de estudios está hablando con un chaval. Por lo que puedo deducir, el muy gilipollas ha llegado 10 minutos tarde y se han ido de excursión sin él. Trata de llamar a casa para que le acerquen a la excursión. Pobre desgraciado.
Y como si hubiese cogido mi ticket en la carnicería, llegó mi turno:
-¿Si?
-Tengo que llamar a mi casa.
-¿Qué te pasa?
-Nada. Tengo que hacer una gestión.
-Toma el teléfono.
Marqué el número a mi padre. Le dije que mandase un permiso para que pudiese salir. Genial, ya era libre.
-Os mandará el permiso por correo. Estad atentos.
Como si nada volví a clase. Estaban hablando por vigésima vez de la preparación de un video para el día de la graduación. Yo no se los demás, pero a mi sacarme un título que apenas me vale para trabajar en el Mercadona no me emociona demasiado.
-Algo divertido, que no aburra a la gente.
-Tiene que ser un vídeo original, nada que hayan hecho ya.
El año anterior asistí a la graduación. 3 horas en las que cada 15 minutos me daban ganas de prender fuego a la gente que tenía a mi alrededor y a mis compadres graduados. Horrible de cojones. Hasta los profesores acabaron admitiendo que fue intragable. Este año volverá a ser así. Me lo veo venir.
Al llegar a la clase, yo me limité a coger una silla, una libreta y un bolígrafo. En un primer momento estuve dibujando cosas sin sentido, mi firma Trip y alguna que otra tontería. Inmediatamente me vino la inspiración y comencé a escribir los primeros esbozos de lo que sería este mismo relato. Sonó el timbre. Ya habia llegado el descanso.
Bajamos y almorzamos. Yo ya estaba pendiente de que me llamasen para irme a tomar por culo de allí. No me llamaban. Me metí al baño del patio y pude observar una llamada perdida de mi abuelo. Él se ofreció voluntario para ayudarme con el papeleo de la matrícula.
Tras esto fui a recepción para comprobar que hubiese llegado algún mensaje acerca de mi salida. Nada de nada. No me molesté en volver a clase, sabía que el mensaje estaría al caer. De repente apareció la profesora de biología junto con toda la clase. Se iban de excursión.
-Profesora, yo me quedo.
-¿Cómo es eso?
-Tengo que irme. Tengo una gestión.
-Busca a alguien. No puedes estar solo por el colegio.
Ni que decir tiene que estuve media hora deambulando solo por el colegio, mirando por los cristales de las clases, haciendo el gilipollas y mirando cosas en el móvil en el baño.
De repente bajé, y me fuí.
Me acerqué al chino y compré dos cigarrillos. Los dos para mí, cosa que no hace falta aclarar.
Fui entonces a la oficina de mi abuelo. Allí se encontraba con un socio suyo.
-Hola chaval,¿ Me ayudas con las cartas?
Tenía una pila de aproximadamente 200 cartas. Me puse a clasificarlas, cerrarlas, ordenarlas y pegar pegatinas con los nombres de los destinatarios. Durante un buen rato me sentí como Henry Chinaski en Cartero, de Bukowski.
Su amigo no paraba de repetirme que cuando terminase me daría una propina. Pobre iluso de mí…
Tras eso, con una velocidad terrible, mi abuelo y yo nos pusimos con el papeleo de la matrícula. Como se nota que el cabrón ha trabajado 40 años en la banca. Lo que yo tardaba en rellenar 1 día, él recopilaba la información y lo rellenaba en 10 minutos.
Finalmente terminamos. Salimos a la calle y me acompañó a hacer la gestión. Durante el camino estuvimos hablando de la cara de tonto que se le ponen a los turistas, refiriéndonos a la vez a nosotros mismos cuando nos fuimos de viaje aquella vez a Londres. Pero los ingleses y los alemanes son diferentes. En mi opinión vienen con cara de tonto de serie. Lo llevan dentro sin darse cuenta. Como el VIH.
Llegamos, hicimos lo que teníamos que hacer, y salimos a la calle. Me despedí de él. Era la 13:30. Yo quería irme a mi casa, pero vi a mis colegas a lo lejos y decidí ir a saludar.
Llegué a mi casa a las 14:40 aproximadamente. Comí, me acosté en la cama y me hice un porro. Fumé y me tumbé en mi cama a leer a Nabokov. Puto día de mierda, me habia dejado pálido y en Pálido Fuego, como a Nabokov.

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