Mal viaje

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Me despierto empapado en sudor. Miro por la ventana y solo veo una ciudad desierta, taciturna, durmiente… Así es como me gustaría que fuese todo. Así es como debería mantenerse el mundo. Callado. Sin opinar.

A mi vista escapan los coches que van por la autopista, aunque es evidente que están pasando. No hay gente por las calles, pero veo fugaces figuras de algún misterioso viandante que camina rápidamente hacía el cumplimiento de algún propósito desconocido y tal vez ilegal.

Salgo a la calle, me enciendo un cigarro y comienzo a caminar. La suave brisa acaricia mis orejas y voy sintiendo un frescor más que necesario en estos tiempo ya tan primaverales. Voy a paso lento, pero marcando con fuerza mis pasos. Oigo el eco de mis pasos por la calle. Suenan siniestros mis pasos, y hay momentos en los que soy incapaz de estar seguro de que sea yo el único que vaga solitario por la calle…
Cierro los ojos. Ahora los abro y estoy solo, clavado en el medio de la Gran Vía. No hay nada de nada. Ni personas, ni coches, ni tiendas, ni casas. Solo el vacío. De repente, siento que me miran mil personas. No hay nadie, pero casi puedo notar como planean algo para matarme. Me giro y veo una figura sin rostro ni extremidades.
-¿Quiénes sois?
-…
-¿Quién eres entonces?
-…
De repente la figura comienza a llorar desconsoladamente y es arrastrada hacia el cielo por un viento repentino. Se deshace como un castillo de arena.

Cierro los ojos de nuevo. Los vuelvo a abrir. Estoy sentado en la cabeza del Cristo de Monteagudo y tengo una vista perfecta de Murcia ardiendo hasta los cimientos. Es curioso, pues no siento ninguna sensación de vértigo. Me quedo ahí sentado hasta que la ciudad no es más que un montón de escombros.

Tras esto me pongo de pie y me dispongo a cerrar los ojos otra vez para reaparecer en algún tétrico lugar, pero de repente la misma figura que antes había tomado forma ante mí, vuelve a aparecer.
-Eh tú cabrón, dime quién cojones eres o acabaré contigo.

De repente una voz toma forma y comienza a hablarme. Parece que viene de todas partes.

-Soy tú cuando mueras. Nada. Solo polvo y aire. Nos vemos ahora.

La figura toma impulso y me empuja. Caigo al vacío y me estampo contra el suelo. No hay sangre ni nada. Ni siquiera mi cuerpo.

Me despierto de repente de un sobresalto. Todo apunta a un mal sueño. Que silenciosa que está la ciudad a estas horas… Creo que me daré un paseo.

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