Poesía antipoética

Antes hablaban los duendes, antes los mataban.
Cuando el barco cayó, los chimpancés se despertaron.
La arena del desierto se derritió en un sinfín de helados calientes.
Cuando miro al cielo, es como mirar al suelo pero al revés.
Ejercito mi mente para matar escritores y nacerles flores.

Ayer comí un poco de mi alma y la vomité. Después, dormí.
Tras pensar en dormir, gatee hasta mi casa,
y en mi casa encontré un elefante que habla
entre grandes e infladas orejas
con las que tomó vuelo
en el aeródromo
de los besos
sinceros.
Muertos
sueños
de los
poetas
ciegos.
Donde el canto de un loro
se fundió en mil coros
con una miseria ya malvada
de la suerte ya comprobada.
Por lo que busqué, y busqué,
arboles verdes y grises;
y nada mas que vislumbré
sombras aladas y felices,
junto con espectros de mi ser,
entre mis demencias seniles.
Sobre intempestivas lluvias
y tempestades de soles,
anduve buscando mis canciones
entre charcos de ilusiones ;
de un alma muy sucia
por haber buscado lujuria
por oscuros rincones.

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2 comentarios en “Poesía antipoética

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