Anécdotas discontinúas

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He naufragado en mi mente. Ese viaje en busca de conocimientos me ha hecho naufragar. Mirar diferente. Juzgar diferente. Las diferencias humanas, que nosotros mismos podemos padecer en nuestras carnes. No me llevaría bien con mi Yo de hace 3 años, seguramente. Por no decir que no me llevo bien ni con mi Yo actual. Es un cabrón. De cuidao.

Pero no hay peor naufragio que el naufragio social. Vuelta a lo mismo. A la rutina: a las 12:00 me despierto; a las 15:00 como apaciblemente en mi casa; a las 17:00 leo un rato, y seguramente escriba un poema o cualquier gilipollez digna de estar en un papel; a las 19:00 a quedar para ir a pillar a La Fama; esperar hasta que sean y media para poder entrar a Revolver. Y fumar. Un par de horas. Salir. Quedar con alguien diferente y deambular por Murcia hasta las 2:00. Simplemente brillante. La obra maestra de las rutinas. Puede ser.

Pero el verano me mantiene de algún modo libre de pensamientos que me la sudan, como bien puede ser el ir a clase o acudir por las tardes a dar clases de matemáticas. Libre de alguna manera, pero esclavo de tantas otras. Deseoso de que se acabe el verano para volver a sentir la fría brisa de las indeseables mañanas de instituto. Pero sobretodo, necesito estar agobiado por algo. Estresado. Hastiado por alguna razón. Es el motor de la escritura. Es su gasolina. Sin estrés y sin ninguna opresión vital, casi no existe una motivación siquiera para escribir. Pero hay que mantener el hábito. No se puede perder. Es demasiado peligroso.

Cabe decir también, que la charla en antros como Revolver es útil. Fructífera diría yo. Como una mañana haciendo footing mas o menos. La cerveza y los porros que deambulan por el ambiente y por nuestros organismos son ideales para dar lugar a profundas conversaciones, centradas en reflexiones de lo exterior o a simples anécdotas. De ahí salen muchos libros. Anécdotas discontinuas.

Vivan. Las anécdotas. Los sudores nocturnos y las cervezas frías. Los besos del crepúsculo y los abrazos del amanecer. La brisa desértica en Murcia. En cualquier parque. En cualquier calle. En mi mente. En mi sangre.

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Anécdotas discontinúas

2 comentarios en “Anécdotas discontinúas

  1. Hace tiempo me preguntaba si era posible vivir en paz, sin preocupaciones, pero desde que escribo me he dado cuenta de que si quiero seguir haciéndolo tengo que estar en continuo conflicto, interno, emocional… lo que sea. Tienes razón, la desdicha, el desamor, los agobios, frustraciones… inspiran para rellenar papeles, pero la felicidad, si es que existe no creo que inspire grandes poemas ni relatos.
    Aunque igual sí y solo soy una amargada que no sabe disfrutar de su escondida felicidad… jajaja quién sabe.
    Un saludo!

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