Pastis

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Wonder se  bebió el culo de la jarra de cerveza. Estuvo un par de minutos más hablando con el camarero de la barra y se fue. Salió del bar por la puerta principal, poniéndose las gafas de sol y cagándose en todo por los cegadores rayos del sol de verano. Fue al callejón donde había dejado su Fiat del 97’ y arrancó rumbo al motel.

Puso la radio. Todo porquería. Nada de rap. Apagó la radio. Condujo en silencio hasta el motel. Se bajó del coche, saludó a Ralphie, el caniche retrasado de la vecina de abajo. Saludó a Megan (la vecina de abajo). Megan leyó en los ojos de Wonder las ganas que tenía de follarle. Wonder captó la mirada. Se fue para su habitación.

Abrió la puerta y de la habitación contigua se escuchaban jadeos y golpes de una cama. Julie y un cliente. Esta vez no le tocaba a Wonder. Quizás mañana. Quizás nunca. Cogió un birra del frigorífico, puso la televisión, se lió un porro y empezó a fumar. Wonder fumaba mirando el reloj y escuchando las intrascendentes conversaciones de la TV de fondo. Pensaba que quizás Jeicko pasaría a pillar algo de  hierba. Pero es lunes. Nadie le pilla a Wonder los lunes. Ni si quiera Jeicko. Wonder se quedó durmiendo.

Horas después se despertó. Encendió el interruptor, pero la luz no funcionaba. La TV estaba apagada. Wonder no dudó que habían cortado la luz en el motel. Siempre hay algún motivo; o bien el peligroso pirómano que anda suelto por East Brooklyn, o bien unos mangantes que quieren dar el palo en alguna casa.

De repente se escuchó unos fuertes golpes que venían de unas habitaciones más alejadas de la mía.

<<¡¡Policía, ABRA LA PUERTA!!>>

Se escucharon fuertes golpes, mientras la policía intentaba tirar la puerta abajo.

Wonder comenzó a pensar a cuál de los 5 camellos del motel estarían haciéndole la redada. ¿Travis? ¿Leroy? Probablemente fuese a Leroy. Aunque también podía ser Jeicko. Wonder miró entre las persianas. Se llevaban a Jeicko. Travis miraba a los ojos de Wonder desde la otra punta del motel, comunicando mentalmente. Es lo que tiene pasar crack según Wonder. Más beneficio, más riesgo.

A la mañana siguiente Wonder cogió el coche y fue a casa de Martin. Él era un escritor pastillero del Bronx que escribía poesía del gueto. Pero no rap. Poesía del gueto. Martin veía un género revolucionario al alcance de su mano. Su principal problema era que tomaba demasiadas drogas y bebía demasiado poco según Wonder.

<<¡Eh, qué pasa, HERMANO!>> dijo Martin.

<<Bien tío, ¿Cómo estás?>> dijo Wonder.

<<FUA chaval, estoy trabajando en una nueva novela: Crimen y Castigo la voy a llamar.>> dijo Martin con una mirada homicida que miraba fijamente a los dibujos animados que había en la televisión.

En la habitación de Martin habían extraños cuadros de desnudos post-modernistas con un toque ligeramente psicodélico y pornográfico a la vez.

<<¿HAS VISTO ESO CHAVAL? , eso es lo que habría pintado Picasso si se hubiese tomado un par de cartones antes de pintar. QUE LE DEN AL CUBISMO. Kamasutra 3D , Wondie.>>

<<Tío, ya hay una novela que se llama así. De Fiodor Dostoievsky. Búscale otro nombre que ese ya está  pillao.>>

Martin llamaba a Wonder de esa manera cuando iba muy puesto de barbitúricos. Wonder se lo consentía por pura amistad. Wonder pensaba a veces, que Martin era un poco idiota.

Martin se levantó.

<< Mira los Lp’s que me he comprado, chaval. Puro trance. Tomate una pastis y fliparás con esta música.>>

<<Lo siento tío, tengo que irme a ver si encuentro curro de una vez. Este fin de semana te recojo y vamos a mi casa. Bebemos y nos traemos a unas pibas. ¿Te hace?>>

<<Que te den con tus planes de abuelo, cabronazo. Paso de tu alcoholismo. Yo me quedo en mi cueva, a seguir con la novela.>>

Wonder fue camino de la puerta y casi pisa una jeringa. Estaba oxidada y aún contenía una sustancia de sospechosa naturaleza en su interior. Quizás así es el aspecto que tiene el VIH.

Cogió el coche y fue en busca de un pub.

Condujo por el East Brooklyn Boulevard un rato. Se bajó del coche.

Entró al local y pidió una jarra de cerveza. Por la puerta del local entró Jeicko. Tenía morados en la cara.

<<Ey Jeicko, ¿cómo te va?>>

<<Mal tío. Me han desmontao el tinglado. Ya no vendo mierda,¿Sabes?>>

<<Tío, cómo cojones no has acabado en el trullo.>>

<<Mi tío es fiscal del tribunal. Me ha ayudado.>> dijo con aires de tranquilidad.

<<Joder, qué suerte>>

<<Ya te digo>>

Con la misma velocidad que entró, Jeicko se fue. Wonder nunca volvió a saber nada de él. ‘’Un cliente menos’’- pensaba Wonder.

Se terminó la jarra. Volvió a casa en su coche.

Al bajarse del coche, Ralphie no estaba. Megan tampoco. Ciertamente, el motel estaba un poco solitario desde la redada. Por miedo, suponía Wonder.

Subió a su habitación. Le habían entrado a robar. Su hierba había desaparecido. Solo habían dejado la cama y la máquina de escribir. Para qué iban a querer una máquina de escribir unos yonkis.

Wonder volvió a salir. Bajó con su máquina de escribir en mano. Cogió el coche. Tal vez fuese a casa de Martin. Wonder prefería ir debajo de un puente.

Nadie volvió a saber nada de Wonder.

 

 

 

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