Realmente como un cabrón

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Hay mañanas que

las disfruto

escuchando música donde

a mi me gusta:

en mi puto

colchón,

mugriento en su núcleo.

Muriendo en su única

función

para el hombre.

 

Fumo cigarrillos y

leo poemas de mis

autores favoritos:

Bukowski

Neruda, Hernández

y algunos poemas me rugen

ser más bonitos

que otros.

Ibsen

ruge como un monstruo.

Realmente como un cabrón.

Pero no llama

mi atención

del todo.

 

Me parto el cráneo

en el mismo

habitáculo

donde

exhalo

lo que creo que siente

el hombre

al respirar

sus propios ojos.

 

Envejezco de lo que

respiro

y

Muero por lo que veo.

Parece tan

malo

que

hacerlo es mi deseo.

 

Hay poemas

de los que olvidaré

el nombre.

Desperezarte hasta las

12 o 13 de la mañana

y masturbarte

en la cama

parece estar mal visto

por el propio

hombre.

 

Ventilar mis

alquitranados

pulmones

es aquí

mi única

función

como ser (o no ser)

humano.

 

Y el colchón

sudado.

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