Aún jadeo

Cheetos en los dedos. Exacto. Puro colesterol para mi sangre. Una botella de Emdbrau debajo de la mesa.  Un pitillo de marca Pueblo apoyado en el cenicero. Encima de la mesa, un precioso vaso de cerveza bien fría. Todo esto cuando se supone que debería estar estudiando o alguna de esas cosas que debe de hacer la gente de mi edad.  Le pego un trago y exhalo el placer con un pequeño gemido que menos mal que solo yo puedo percibir. La auténtica vida.

 

Llevaba un par de semanas sin escribir absolutamente nada. Ni un verso. Ni siquiera pensando en poemas. Suele ocurrirme cuando tengo temporadas muy prolíficas en cuanto a escribir basura refiere. He estado dedicando mi tiempo a otras cosas: ‘’estudiar’’, ‘’salir de fiesta de manera para nada descontrolada y manteniéndome lejos de yonkis y borrachos’’, ‘’comer comida totalmente sana, sin azúcares ni grasas añadida ‘’. Un poco lo de siempre.

 

De vez en cuando el gusanillo literario me ha llamado, pero lo he mandado a tomar por culo. Estoy decepcionado que te cagas con él. Os cuento:

 

El otro día estaba en alguna parte que no recuerdo. Cerca de una gran masa de agua, eso sí. Bueno pues, estaba viendo a un montón de borrachos (buscando mujeres) y de tías corriendo por ahí buscando hombres (seguramente) y se me ocurrió saltarme una norma: nunca escribir en móvil. Prefiero que se me vaya a la mierda la idea a que tener que dejarla abandonada en el bloc de notas de mi teléfono.  De todos modos me salté mi norma, y comencé a escribir el poema. Lo terminé, lo leí un par de veces, y joder, llegué a pensar que era bueno de cojones. Pero no. Era muy malo. Malísimo. Decepcionante.

 

Desde ese momento, he estado unas semanas sin escribir absolutamente nada.  Me he pasado unos días preocupado, pensando que ya no sabía hacerlo. Que era el fin. Que nunca volvería a levantar cabeza desde ese truño. Pero lo dejé pasar e intenté disfrutar del dolor, de la compañía y de las drogas.

 

Han pasado cosas ciertamente interesantes estos días. Esas pequeñas tragedias que observas día a día que te hacen plantearte si debería volver al planeta el meteorito que hizo desaparecer a los dinosaurios. Debería.

 

Hará un par de días. 32 grados. Un calor que te cagas y yo sudando más de la cuenta. Llego al cruce antes de llegar a mi casa. Es hora punta. Mucho tráfico. Harían falta un par de huevos para cruzar la carretera. Mejor esperar el puto semáforo y no morir ese día.

Bueno pues estaba esperando el semáforo, cuando un ex -bakala  viene corriendo hacia mi acera, con miles de coches deseando atropellarle. El autobús a punto de cernirse sobre él. Casi  estaba viendo como lo iba a despedazar sobre el asfalto. Pero lo logró. Y tras lograrlo, no se le ocurrió nada mejor que santiguarse. Oye capullo, creo que Dios no te salvó. Es más, diría que era el primer interesado en ver tu culo en las puertas del Edén.

 

-Casi la palmo colega.

Asentí riéndome y los dos seguimos nuestro camino.

 

Cosas así han ido ocurriendo en los últimos días. No es la más terrible ni de cerca.

 

Mientras hago memoria sigo aquí. En el plan de antes. Quedarán tres o cuatro Cheetos. No me he parado a mirarlo. Están deliciosos joder. Me haría una raya con el polvito que sobra en el fondo, a lo American Dad. También ha llegado la hora del siguiente pitillo. Del siguiente vaso. Ojalá del siguiente peta. Pero paso bastante en realidad. Me bajonean demasiado los porros. Así es muy jodido escribir.

 

Eso me recuerda a lo jodido que es soportar ciertas cosas cuando vas bolinga.

 

El otro día. Sábado creo que era. Se jugaba la final de la copa de Europa. Nadie en la puta calle. Todo el mundo agarrándose los cojones mutuamente y pajeándose la mente con la victoria de su equipo. Yo estaba en el Vives con el Tuga y Paco. Fuimos al Karmen a ver la primera parte del partido. Metió el Real Madrid. Fin del partido.

Hablamos con Isaac y montamos un plan para irnos al monte a dar una vuelta. Así hicimos. Esperamos a Isaac un buen rato. La cerveza se calentó. Por fin llegó y nos montamos  en el coche. Un BMW.

Primero hicimos una parada en el Mcdonald’s. Yo iba en el asiento de atrás con Tuga y Candy (que se unió a la fiesta). Bebíamos litros de cerveza calientes y hablábamos de gilipolleces. Vi el casco de la moto de Isaac y me lo puse. Parece como uno de esos cascos alemanes de la 2ª Guerra Mundial. Cuando paramos en el Mcdrive o como se diga, el de dentro se quedó un poco perplejo. Pero lo asumió y sin dilación le dio la comida a Isaac.

Tras esto fuimos al monte. Paso de contar todo esto porque fue una hora y media de cinco maricas cagándose de miedo en el bosque por gilipolleces absurdas.

Cuando llegamos de vuelta al centro, era todo una absoluta locura. Legiones de madridistas chuleando de triunfo. Gente gritando. Cantando. Niños (o chavales) conduciendo el Porsche Cayenne de sus padres, alardeando de ser ricos. Todo guay. Con esta iniciativa por el fútbol podríamos montar una revolución bolchevique en cuestión de horas.

Tenía un poco de frío y ya estaba de bajón por el alcohol y tal. Isaac me dejó en cerca de mi casa y me di una vuelta. Mucha gente disfrutando de sus colores. Una absoluta locura.

 

Ya queda menos para que se acabe el litro de Emdbrau y necesito un merecido descanso, tras el cual proseguiré con mi relato sobre la infame sociedad del siglo 21.

 

Tras esta interrupción seguiré.

 

Era viernes y tenía unas ganas que te cagas de pasármelo bien. Fui a *****y le pillé 5 euros de polen. Muy bueno, por cierto. Fui para la casa de Benz (donde hay un estudio de grabación), para pasar un rato con Paco (Mayor), Benz y Ginger. Subí a la casa y estuve un buen rato allí. Me fumé un peta. Ya había empezado el viernes.

Tuga estaba impaciente por saber donde estaba. Pero el estudio me reclamaba, pues estaban grabando un tema el cual llevaba mi instrumental. Quería ver el proceso. Además debía entregarle unos archivos de este rollo a Ginger.

Tras eso fui a casa de Mayor. Cenamos ahí. Pechugas de pavo y unas tortillas buenas de cojones. Luego vino Isaac y fuimos a la calle. Ibamos camino de Las Jarras. Otro de los tantos sitios donde se bebe cerveza al aire libre sin que sea delito. La doble moral.

En ese momento me llamó Tuga, diciéndome que estaba por Las Ratas con Charlie y Mr.G. Fui para allá a ver por qué cojones estaban tardando tanto en venir.

Al llegar estaban todos de palique con un par de farloperos. Buena gente. Pero no de fíar.

Mi objetivo era recogerlos. Pero el proceso duró demasiado. No paraban de hablar sobre temas que me daban igual y estuve a punto de abandonar, pero Mr.G se puso comprensivo y nos dimos una vuelta.

Esa noche hubo más droga, más alcohol, más palique, más aburrimiento hasta las 4 de la mañana o algo así. Pisamos Republika un par de veces creo recordar. No recuerdo como llegué a mi casa.

 

 

Todo esto es el relato de la necesidad. De la vida. De la muerte. De los sábados y los viernes. El relato de querer desinhibirte hasta no querer recordar nada. El relato de lo necesario. El relato de la ausencia de poema. La epopeya de la falta de guita para salir de fiesta. El resumen de la masturbación hedonista. El odio. El amor. El olvido de las horas y el paso de los segundos.

Siempre hay que poner algo de droga entre la droga. Basura entre basura. Tiempo entre tiempo.

Ya no hay cerveza. Tampoco Cheetos.

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