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”Esto es un viejo relato que escribí hará cosa de dos años. Lo tenía abandonado por completo. Acabo de verlo y me ha parecido gracioso y digno de estar en el blog. ¿Debería haberlo enviado a alguna revista literaria? ¿Políticamente incorrecto? Ah vale, bueno, ahí va”:

 

Se bajó de la camioneta. Joker había parado en un claro en el medio del bosque. La niebla era tan densa que ni alcanzaba a ver dónde se había dejado el paquete de cigarrillos. Joker respiraba y sentía el hedor a humedad y a heces de oso. Todo parecía correcto. Un tranquilo sábado por la mañana en el bosque, allá por el Norte. En él se incluye una caja de cervezas, una petaca con dos dedos de Bourbon, un rifle con balas de punta hueca (totalmente ilegales) y un hermoso perro de caza llamado Fluffy. Un nombre un tanto irrespetuoso con el animal.

 

Empezaron a subir a lo alto de la colina. Joker se quejaba cada veinte o treinta segundos sobre su flato, sobre lo viejo que está, sobre lo jodida que es la vida y sobre lo jodido que es vivirla. A Joker la vida le parecía más bien como una de esas exhibiciones de natación sincronizada, pero sin premio. Mucho esfuerzo y ninguna recompensa. La recompensa de la vida se hallaba en la drogadicción y en el más absoluto desenfreno sexual  que pueda existir. Putas. Muchas putas en la vida de Joker. También algo de coca, setas, Peyote , LSD ,marihuana, caballo , cristal, crack. Lo que viene siendo un buen repertorio. Joker no estaba muy orgulloso de  él, pero joder, lo necesitaba incluso más que respirar. Era su propia manera de vivir.

 

Llegaron a lo alto de la colina. Joker apostó su rifle en el suelo, el cual miraba hacia un gran prado donde paseaban ciervos y otros animales de bosque. En aquella posición Joker se daba cuenta de lo grande que era el mundo y de la cantidad de animales que existen. Pensaba que con la cantidad de praderas como esa llena de animales que debe haber en  el mundo, se podría solucionar en un par de semanas el hambre mundial. Y ahí estaba él. Creando su propio refugio mental lejos de los partidos de fútbol y de los debates político-sociales de la actualidad. Entonces disparó:

-¡TOMA YA!  ¿Has visto que buen ejemplar Fluffy? Será perfecto para el ritual.

-(ladrido)

-Vamos pequeño, vayamos al Santuario a honrar a esta criatura.

 

Joker y Fluffy caminaron colina abajo, arrastrando ese precioso ejemplar de ciervo que debe de pesar unos entre unos 300 y unos 400 kilogramos y que por momentos va desangrándose. El ciervo tenía los ojos en blanco. Joker jadeaba a ratos. No paraba de maldecir sobre el tabaco y sobre que tiene los pulmones hechos mierda. Mientras tanto, iban llegando a la camioneta Chevrolet  y dejaban el cadáver del ciervo en la parte de detrás. Se montaron. Joker arrancó y fue dirección al Santuario.

 

De camino por la carretera, Joker vio un coche y una figura haciendo señales raras con la mano. Era una mujer. Joker y su apariencia de hombre de sesenta años le quitaban oportunidades con la chica. Su coche parecía estar averiado. Joker le preguntó:

-¿Necesitas algo, guapa?

-Ay, por favor… me preguntaba si…

-Dispara.

-…me preguntaba si me ayudaría a remolcar el coche hasta la gasolinera más próxima.

-No hay problema. Tú monta en la camioneta, ya lo engancho yo.

-Vale. Gracias.

Joker se puso a ello. Sacó el gancho de la camioneta y lo puso debajo del parachoques frontal. Subió la grúa. Se detuvo mientras maquinaba algo en su cabeza. La dejó de nuevo abajo.

Mientras tanto, la chica seguía en el coche. Permanecía inmóvil, mirando de reojo a Fluffy, el cual no le transmitía demasiada confianza. Fluffy gruñía y enseñaba los dientes. Apareció Joker en la ventana. La chica se llevó un buen susto. Fue como uno de esos sustos fáciles de las películas de terror de serie B. Algo típico.

-No voy a poder remolcar el coche me parece. El enganche esta suelto y me temo que pueda caerse el coche mientras estamos en marcha.

-¿Y qué hacemos?

-Bueno, para empezar, dime cómo te llamas si puedes ser tan amable.

-Liz. Me llamo Liz. De Lizanne, no de Elisabeth.

-Bueno, Liz. Dejamos el coche aquí. Yo te llevo a un hostal ahora mismo. Te pago una habitación y mañana por la mañana te recojo y venimos a por el coche con un mecánico de confianza.

-¿Y cómo te puedo pagar…?

Liz le hizo una mueca a Joker que fue una clara provocación (según él)

-Joker. Me llamo Joker.

Entonces Joker se sacó el pene y dijo:

-Así se puede pagar. Sin impuestos y sin declarar los gastos.

-¡JODER, VAYA TRANCA!

Esta vez había tenido suerte. No como aquella vez que una abuela casi le corta el pene con unas tijeras de podar. En la vida todo es probar. La ley acción-reacción.

Liz se puso a ello. Para ser casi un anciano, Joker lo hacía bien. Es decir, era capaz de mantener una erección el tiempo suficiente como para correrse. Liz estaba sorprendida por momentos. Joker terminó en su boca.

-Joder… que bien- dijo Joker.

-Me alegro de que te haya gustado, cariño.

Eso último no le gustó a Liz, pero lo dejó pasar.

 

Joker se montó en la camioneta. Tenía el pene lleno de pintalabios rojo. Liz se puso a buscar su pintalabios en el bolso. En ese momento, Joker sacó de su bolsillo un pañuelo impregnado en cloroformo  y se lo puso en la cara a Liz. Quedó dormida en menos de dos segundos. Fue como un truco de magia.

Joker recostó el asiento de Liz hacia atrás y le puso una manta encima. Fluffy jadeaba sin parar, con toda la lengua fuera colgando, mientras gotas de saliva  caían en el asiento dejándolo todo perdido. Joker conducía despacio y evitando carreteras principales. Poco a poco iba subiendo a la cima del monte en el que se encontraba el Santuario.

 

Llegaron al Santuario. Fluffy estaba muy feliz. Movía la cola de allá para acá, corriendo, saltando por todas partes. Joker cogió a Liz (que estaba en el más profundo de los sueños) y la llevó dentro del Santuario.

 

El Santuario no era más que una pequeña cabaña en el medio del bosque, hecha totalmente de madera y con ventanas pero sin ningún cristal. Ciertamente era un sitio abandonado que Joker había cogido para sí. En algunos recovecos de la cabaña había restos de huesos y calaveras de animales en lugares extraños. La cabaña era en cierto modo como las dependencias de un viejo cazador o algún ermitaño que acabó por ser comido por un oso o (si había tenido la mala suerte de ser negro) secuestrado y posteriormente crucificado por el Ku Kux Klan.

Joker entró con el cuerpo de Liz a rastras, mientras que Fluffy se dedicaba a olisquear toda la cabaña. En el medio había un sofá. Joker dejó ahí a Liz. Mientras, fue a fuera a coger el cadáver del ciervo, el cual ya daba clarísimas señales de descomposición, donde con un buen microscopio, se podría haber apreciado a los gusanos dándose un festín.

Instantes después, Joker apartó el sofá donde se encontraban Liz (que estaba sentada de un modo particularmente extraño) y el ciervo, el cual  estaba mitad en el sofá, mitad cayéndose al suelo. En ese momento, Joker abrió una trampilla que había debajo del sofá. Habían unas escaleras que bajaban de manera circular hasta abajo. Joker apartó un cuadro de Van Gogh  que había en una de las paredes y activó un interruptor. Se encendieron entonces las luces del Santuario. En un par de minutos, Joker ya había transportado al Liz y al ciervo escaleras abajo, no sin antes quejarse del flato y de la vida tan jodida que lleva.

Al llegar abajo, Joker pulsó otro interruptor. Se iluminó lo que al principio parece ser una sala de tortura, pero que enseguida se observa que es una especie de salón de rituales. Posiblemente relacionados con la magia negra. Joker llevó los dos cuerpos al centro de la sala. Amordazó a Liz y comenzó a destripar al ciervo sin ningún tipo de compasión. Le sacó todo: el corazón, los pulmones, el intestino, el estómago… La sangre la iba depositando en una vasija con unos grabados un tanto tétricos hasta para Joker.

Joker dijo en voz alta:

-Esta noche le toca a nuestro Señor, Fluffy. Necesita sangre nueva, sin duda alguna. Mira Señor, almas del bosque que han sido recuperadas por tu más fiel adalid…

 

A la vista de cualquiera, Joker era un tío con  el que había que llevarse un cuidado de cojones. Pero si alguien presenciase lo que estaba ocurriendo aquella noche, Joker parecería un psicópata. Una cosa que tampoco se puede descartar visto lo que estaba ocurriendo.

 

Liz se despertó y se vio maniatada y colgada del techo. Rodeándola, había muchos espejos redondos. Habían pintado ‘’RAMERA AUTOESTOPISTA’’ en el torso. Tenía las tetas como bañadas en sangre ya coagulada. Liz se miró horrorizada al espejo rezando por que lo de su torso fuese pintura, tras lo que  gritó:

-¡SÁCAME DE AQUÍ HIJO DE PUTA! SOCOROOO.

-Lo siento, pero debes sucumbir a los placeres del Amo-dijo Joker apareciendo de entre uno de los espejos que Liz tenía detrás de ella- esta noche volverás a nacer en los brazos del Amo, allá, en Orión.

-Tío, tú de dónde has salido. Venga, hagamos las paces, ya sé que la mamada no fue tan buena…

-SILENCIO-gritó Joker- no interrumpas el ritual, cojones.

Liz comenzó a gritar de manera desconsolada, pataleando de un lado para otro mientras lloraba. Cerca había una mesa llena de material para desollar ovejas. Mientras zarandeaba sus muslos, tiró la mesa. En una de esas patadas golpeó a Joker. Él la miró fijamente con una mirada que si llevase pólvora dispararía balas.

-LA HAS CAGADO ZORRA, FLUFFY, VEN AQUÍ.

En ese momento Fluffy apareció. No paraba de gruñir. Aparentemente estaba famélico. Mordía de manera aleatoria los tobillos de Liz, que seguía moviéndose  de un lado para otro. En ese preciso instante, Joker  cogió una brocha y comenzó a pintar a Fluffy con la sangre del ciervo. El chucho era completamente blanco, por lo que su aspecto era cuanto menos ridículo en ese momento.

Tras hacer eso, Joker le puso una corona de espinas a Liz, la cual llevaba clavada en sí un corazón y los pulmones del ciervo. Una cosa muy bizarra. También volvió a echar sangre sobre Liz como si fuese un artista contemporáneo plasmando su arte sobre un lienzo. Joker dijo entonces:

-Fluffy, ATACA.

Fue una auténtica carnicería.

 

Días después, tras una jornada de caza sin ningún triunfo notable, Joker iba de camino al Santuario, cuando un tío apareció en una curva con un cartel de autostop. Joker le dijo:

-¿Necesitas algo, tío?

 

El tipo subió y Fluffy comenzó a babear.

 

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