Dios y dioses, amor y amores, demonios y dolores

No existe una manera
para verte
ni para sentirte.
Eres solo un recuerdo fugaz
de mis noches en las drogas
donde solo sé recordar
lo peor de mi.

Es un pasaje de la Biblia
el que dice que no adoraré a falsos ídolos:

lo siento, escuela
ya tengo mis dioses y los conozco muy bien.
existen.
están dentro de mí
o fuera de mi,
pero al menos los veo.

La Coca-Cola
El beso
Los billetes de 10000
el sexo
los arañazos

solo, a las 2 y media de la mañana,
dando vueltas a la manzana
me encontré con el Demonio
y me dijo:

sigue mi senda
y lo tendrás todo.

y así es.
Lo tengo todo.

Solo me falta saber
por dónde se marcha
al Infierno.

Dios y dioses, amor y amores, demonios y dolores

Las cosas que ocurren en este planeta

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Tío,

en la calle no hay nada que hacer

aparte de beber

y dar vueltas por ahí,

buscando un sitio donde fumar petas

o lo que sea.

 

Al final,

estaba claro que me cansaría

del entorno al que nunca

pertenecí.

 

La gente está ahí en Internet

gritándole al mundo

su euforia

insoportable.

Sin duda, los días que te levantas reflexivo

son los mejores días.

Distingues el mal de bien.

Lo necesario de lo innecesario

Lo justo de lo injusto.

 

Aunque, es domingo.

Antes de que caiga el Sol ya habrá caído sobre mi

el más inhumano

de los alaridos del alma.

Solo quiero convertir los relámpagos en pinceladas

y convertir mi cama

en cuna.

 

El hombre

en bebé.

 

Quizás pueda salvarme.

Tal vez encuentre el instante para rodearme de mi mismo

y ahogarme en mi propia incomprensión

y caos.

 

Es ahora el momento de refugiarse bajo un puente

y esperar

que todo pase.

Que la sencillez vuelva al ser humano.

 

El grito salvaje.

Los murales en cuevas.

 

‘’sobran las palabras’’ es lo que suele decirse

Cuando aún hay mucho

que especificar.

 

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Hay un vecino que está poniendo a Pavarotti

y son las 13:11.

El sol pica sobre el costado del edificio.

Atraviesan los rayos las ventanas.

Aún

hay un rincón

que queda sin iluminar.

 

Ese es el lugar donde se forma la Nada.

 

Ahí es donde yo descanso

y las pesadillas no me atrapan.

 

Nunca olvides esto de mi.

 

Las cosas que ocurren en este planeta

Freno de mano

Estoy loco.

Creo que estoy loco.

Creo que hay algo en mí que no acabo

de desentrañar.

Algo que aun tiene que despertar.

Creo que lo mantengo ahí callado

y que antes

o después

va a hacer arder

este puto sitio.

 

No soy un tipo agresivo

pero hay un loco

en mi.

 

Y no, ‘’no estamos todos locos’’.

Algunos son sencillamente

gilipollas

o estúpidos.

se hacen los locos

por que reconocerlo es muy duro.

 

Pero yo, o sin ir más lejos, El Patas

estamos colgados.

Yo tengo algún tipo de freno

y él

no.

 

La  carretera

llega

a

su

fin

 

no?

Freno de mano

Historia de un manicomio en mi cerebro

hannibal-y-policias

 

Me encontraba en el sitio de siempre, a la hora de siempre, con los de siempre. Llevaba ya un par de horas bebiendo cerveza y fumando hierba. Todo empezaba a dar vueltas y las cosas cada vez tenían menos sentido. Como siempre, empezando la casa por el tejado.

Llevaba 10 euros encima. La cantidad indicada para conseguir la droga deseada en cualquier momento.

El impulso estaba ahí. Ya casi iba a ello. A hacer la ruta, para volver y entrar al baño a hacer otra ruta distinta…

Gorio pegó un grito, como de costumbre:

-Villazón, espérate. Está dentro mi colega, el del LSD.

-¿Si?

La noche ya llevaba horas desarrollándose de manera extraña, con acontecimientos y personas poco deseadas. Entré y vi a su colega. Un hombre de aspecto cuanto menos digno de observación se encontraba sentado en uno de los bancos de la entrada, con una boina (¿lo era?) y una gabardina de cuero. Vamos, el típico atuendo que la policía quiere que los vendedores de droga tengan. Nos saludamos mutuamente.

-¿Tienes LSD?

12BI, es una variante menos potente. Todo más sensorial, con menos paranoias visuales.

-Guay. ¿Cuánto?

– 10.

– Hecho. Ahí lo llevas.

Sacó entonces un chivato de plástico y me lo dio. Dentro había una un pequeño trozo de papel secante impregnado en el ácido. Lo cogí. Ahora era el momento de hacer preguntas.

-¿Me lo tomo entero?

-Puedes tomarte medio, pero no te aseguro que vayas a sentir nada. Si eso te tomas la otra mitad.

-Entonces me lo tomaré entero.

Me introduje el ácido debajo de la lengua. Tenía un sabor amargo, pero no del todo desagradable.

-En aproximadamente 45 minutos o una hora empezarás a notar algo- me dijo él.

 

Le di las gracias y salí de allí a toda velocidad, aun con el cartón debajo de la lengua y caminando entre la gente con mucha energía.

Me di un paseo. Yo solo. Habrían pasado como unos 25-30 minutos. Aún no notaba nada conciso. Tan solo se me había dormido la lengua y poco más. Entonces volví a repu, y me encontré con Gregorio. Ya empezaba a notarme un poco más extraño. Más cercano a todos y a todo. Con la mente muy despejada.

Las personas me parecían sencillamente maravillosas. Todo el mundo me miraba, o al menos yo sentía que así eran las cosas.

Encontré a Gregorio (o él me encontró a mí, que es más probable). Me llevó a un sitio apartado donde no había  gente y empezó a preguntarme cosas que no recuerdo sobre cómo me sentía o lo que estaba viendo.

En ese preciso instante fue cuando TODO comenzó. Miré hacia arriba durante unos segundos, hacia las ventanas de un edificio. Visualmente las apreciaba como si tuviesen la textura de un cuadro, pero todo oscilaba cambiando las sombras de lugar. Había comenzado, desde luego.

 

Todos los recuerdos que tengo de las siguientes 6 horas (¿lo fueron?), están muy difuminados, así que me iré a la parte tétrica del viaje. A lo malo.

 

Había perdido a todos mis amigos. No tenía referencia de dónde estaba, hacía donde me tenía que dirigir, y lo mas estresante: no sabía cuanto tiempo me quedaba para volver a la normalidad.

El tiempo se distorsionó para mi. Los segundos eran eternos. Recorrer 100 metros equivalía a 30 minutos en mi mente.

Todo se tornó muy negativo. Una manía persecutoria se cernía sobre mí. Todas las personas me hacían sentir desconfianza. Absolutamente todo carecía de sentido en mi mente.

Complejos conocimientos y sensaciones atravesaban todo mi ser. Oía voces que no existían y me temo que también veía personas que no existían. La delgada capa que separa la realidad de la imaginación había desaparecido por completo y las cosas iban cada vez a peor para mí.

Cruzaba pasos de cebra corriendo ante la incertidumbre de a cuánta velocidad iban los coches y si iban a frenar o no. Los arboles estaban vivos, joder. Era totalmente incapaz de saber a donde tenía que ir para estar a salvo. Me sentía como uno de esos perros que abandona la gente en vacaciones a causa de no saber dónde dejarlos. Desde ninguna parte hacia ninguna parte.

 

Caos y locura eran el coctel que había en mi mente. El instinto suicida. El homicida. Yo y otros tantos en mi propia mente. Discusiones con mi propio ser. Meditando si estábamos en 2016 o en 1977. Atando cabos entre tanto sinsentido y locura. Debía encontrar a alguien conocido y anclarme a él lo más rápido posible. Ya no importaba que me tomasen por loco, tonto o drogadicto. Lo único que necesitaba era que alguien me hablase y me dijese que todo iba a salir bien. Que todo acabaría y que recuperaría mis facultades mentales sin ningún problema. Huía de mi propio manicomio interior.

 

Encontré a Dami, Juan y unos pocos más. No recuerdo cómo ni en qué condiciones. Pero me salvaron literalmente de la locura. Entonces me fume un porro y todo se hizo mucho más llevadero. Al menos ahora podía ignorar las voces y las personas que no existían (este es un detalle que suelo mantener en secreto cuando cuento la historia, pero ya iba siendo hora de asumirlo).

Ellos iban a su rollo y ahora todo iba mejor. Me sentía más libre que nunca y por primera vez tenía la sensación de que el mundo sería perfecto si todos fuésemos ciegos de LSD cada cuando. Imaginaba como habría sido la línea evolutiva del ser humano si hubiese descubierto el LSD hace 5000 años y ante mí se abría una visión pacifica de nuestra especie. En contacto con la naturaleza y toda la vida en general.

 

Al rato las idioteces paranoides comenzaron a aflorar en mi de nuevo a causa de que me sentía incómodo y solo aun estando con gente. Incluso mi mente llegó a eliminar visualmente a la gente con la que estaba. Tomé la decisión de irme a mi casa e intentar conciliar el sueño.

 

Al llegar disfruté intensamente del LSD dibujando, escuchando música y masturbándome.

 

Si hay algo que aprendes después de eso es que Dios no existe. Somos nosotros, dentro de nosotros.

 

 

P.D.: No me volví loco, creo.

Historia de un manicomio en mi cerebro

Dormir despierto, pensar borracho

descarga

Casi todo queda perdido

a partir de según

qué  hora.

El atrevimiento de la continuación

es parte del espectáculo.

Las horas nocturnas se ciernen sobre mi.

El aullido de la huida.

 

Es reconfortante volver a estar aquí.

 

El día que desaparezca y que la ceniza de mi amargo paso por el infierno

caiga al cielo

entonces dormiré.

Gritarás.

No creo que llores

pero si abres mi pecho y rebuscas entre la casquería, los poemas, la basura;

olerás el hedor de aquello que siempre

siempre

pienso:

 

te quiero.

Dormir despierto, pensar borracho

¿Quién necesita un reloj cuando tienes noche?

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Cuando crees que la noche

ha terminado.

Cuando crees que la Luna ya ha salido

demasiado

tiempo.

Cuando crees que el Sol tiene que salir

y tú tienes que dormir.

Cuando crees que hay cama suficiente para ti.

Cuando crees que caminarás solo

escuchando alguna de esas canciones

que te recordarán a 2003.

 

Es en ese momento

cuando miras al final del callejón

y sabes que solo puedes correr

o ir adentro.

 

Decides correr.

 

Desde ese momento todo es mejor.

La noche no termina.

La Luna no desaparece, ahí, en el cielo.

El Sol no sale

y sus reflejos no se dejan ver.

Ya no caminas solo.

No hay canciones nostálgicas.

 

Solo hay noche.

Viento.

Nubes.

Estrellas.

Borrachos.

Fiesta, en alguna parte.

 

El tiempo ya no pasa de la misma forma.

 

Ahora sé lo que se siente

cuando olvidas que los minutos

existen.

¿Quién necesita un reloj cuando tienes noche?

Sin(0)

Empezamos una nueva página.

La nueva época.

El comienzo del comienzo.

Las gotas cálidas.

La nueva pintura sobre el nuevo

lienzo.

 

Todo está

ahora

donde siento

que debería estar.

 

Siento que ese Sol nace en mí

y los amaneceres me están

llenando

la sangre de luz.

El ocaso

esperará

un tiempo.

 

No existe tempestad que amaine

el rayo más bello del alba

mientras crece en ti.

Y en tus poemas.

Y en tus cervezas.

Y en tus canciones.

Y en lo que tú quieras.

 

Vive sabiendo que morirás.

 

Y nunca mueras pensando

que has vivido

lo suficiente.

 

Pídele tus regalos

al

tiempo.

Sin(0)