201X

otro viejo poema de mi vieja libreta:

 

Entre el vacío del universo, hay un millón de cosas
hay una fuerza, una energía, que no puede parar.
Hay una pregunta, una duda,
que no se puede nombrar,
porque no conoce nombre:

aún no hay nada que contestar.

No es amor, es mas parecido a la muerte.
A la cobardía.
A los aullidos de la noche
a los llantos del día.

Quiero que me ame. Quiero que me tiente.
Lloraría por mil vidas
donde conocerte. En la noche.
No regresar hasta el mediodía.

Hay luces que se tornan hermosas
y pintas,
que son más caras que nunca
acariciar tu mano
en el breve intercambio
de la barra.

Seguro que duermes. Que reposas.
Que tenías otro color de pelo; te tintas.
Vivo y muero en la lucha
sin respetar a mis hermanos.
No hay hombres sin cambio
tan solo bestias buscando una guarra.

Coraje es
mi gran lucha
donde no hay;
no habrá.
Quedaremos nosotros
si se puede,
en la soledad.

Ahí estaré yo, con la boca cerrada.
Con poco de que hablar.
Con nada que contar
solo con ganas de vivirte.

Mi nombre no es Ozymandias,
rey de reyes,
no tenéis nada por lo que desesperar
vine a este mundo
para someterme y callar
entre millones de partes
de arena de cal.
201X

N A D A

Veo a todos sufrir.
No hago nada.
Me veo a mi sufrir.
No hago nada.
La veo a ella sufriendo en un futuro.
Y no hago nada.
La quiero conmigo otra vez
y no hago nada.
En realidad me quiero morir…
Pero no hago nada.
Quiero tirar este muro
Pero no hago nada

Me he dado cuenta
De que la acción y la colaboración
Son un cuento de hadas.
Hazme caso. Estoy seguro.
Así que no te entretengas.
Respira hondo
Y déjame
Enseñarte
Cómo la pereza salva al mundo.

Yo simplemente vivo,
pero no hago nada.

Es una enseñanza poco profunda
que te acerca a existir,
pero al mismo tiempo,
te sienta sobre la tumba.

Pero, nada. Seguiré disfrutando del
atardecer
rosa
y la buena hierba.

Los cuchillos caen
Y las piedras caen
Y las voces caen
Y las lágrimas caen

¿Debería protegerme de lo que cae?

Es ahora o nunca.
Y yo, no hago nada.

N A D A

Freno de mano

Estoy loco.

Creo que estoy loco.

Creo que hay algo en mí que no acabo

de desentrañar.

Algo que aun tiene que despertar.

Creo que lo mantengo ahí callado

y que antes

o después

va a hacer arder

este puto sitio.

 

No soy un tipo agresivo

pero hay un loco

en mi.

 

Y no, ‘’no estamos todos locos’’.

Algunos son sencillamente

gilipollas

o estúpidos.

se hacen los locos

por que reconocerlo es muy duro.

 

Pero yo, o sin ir más lejos, El Patas

estamos colgados.

Yo tengo algún tipo de freno

y él

no.

 

La  carretera

llega

a

su

fin

 

no?

Freno de mano

Historia de un manicomio en mi cerebro

hannibal-y-policias

 

Me encontraba en el sitio de siempre, a la hora de siempre, con los de siempre. Llevaba ya un par de horas bebiendo cerveza y fumando hierba. Todo empezaba a dar vueltas y las cosas cada vez tenían menos sentido. Como siempre, empezando la casa por el tejado.

Llevaba 10 euros encima. La cantidad indicada para conseguir la droga deseada en cualquier momento.

El impulso estaba ahí. Ya casi iba a ello. A hacer la ruta, para volver y entrar al baño a hacer otra ruta distinta…

Gorio pegó un grito, como de costumbre:

-Villazón, espérate. Está dentro mi colega, el del LSD.

-¿Si?

La noche ya llevaba horas desarrollándose de manera extraña, con acontecimientos y personas poco deseadas. Entré y vi a su colega. Un hombre de aspecto cuanto menos digno de observación se encontraba sentado en uno de los bancos de la entrada, con una boina (¿lo era?) y una gabardina de cuero. Vamos, el típico atuendo que la policía quiere que los vendedores de droga tengan. Nos saludamos mutuamente.

-¿Tienes LSD?

12BI, es una variante menos potente. Todo más sensorial, con menos paranoias visuales.

-Guay. ¿Cuánto?

– 10.

– Hecho. Ahí lo llevas.

Sacó entonces un chivato de plástico y me lo dio. Dentro había una un pequeño trozo de papel secante impregnado en el ácido. Lo cogí. Ahora era el momento de hacer preguntas.

-¿Me lo tomo entero?

-Puedes tomarte medio, pero no te aseguro que vayas a sentir nada. Si eso te tomas la otra mitad.

-Entonces me lo tomaré entero.

Me introduje el ácido debajo de la lengua. Tenía un sabor amargo, pero no del todo desagradable.

-En aproximadamente 45 minutos o una hora empezarás a notar algo- me dijo él.

 

Le di las gracias y salí de allí a toda velocidad, aun con el cartón debajo de la lengua y caminando entre la gente con mucha energía.

Me di un paseo. Yo solo. Habrían pasado como unos 25-30 minutos. Aún no notaba nada conciso. Tan solo se me había dormido la lengua y poco más. Entonces volví a repu, y me encontré con Gregorio. Ya empezaba a notarme un poco más extraño. Más cercano a todos y a todo. Con la mente muy despejada.

Las personas me parecían sencillamente maravillosas. Todo el mundo me miraba, o al menos yo sentía que así eran las cosas.

Encontré a Gregorio (o él me encontró a mí, que es más probable). Me llevó a un sitio apartado donde no había  gente y empezó a preguntarme cosas que no recuerdo sobre cómo me sentía o lo que estaba viendo.

En ese preciso instante fue cuando TODO comenzó. Miré hacia arriba durante unos segundos, hacia las ventanas de un edificio. Visualmente las apreciaba como si tuviesen la textura de un cuadro, pero todo oscilaba cambiando las sombras de lugar. Había comenzado, desde luego.

 

Todos los recuerdos que tengo de las siguientes 6 horas (¿lo fueron?), están muy difuminados, así que me iré a la parte tétrica del viaje. A lo malo.

 

Había perdido a todos mis amigos. No tenía referencia de dónde estaba, hacía donde me tenía que dirigir, y lo mas estresante: no sabía cuanto tiempo me quedaba para volver a la normalidad.

El tiempo se distorsionó para mi. Los segundos eran eternos. Recorrer 100 metros equivalía a 30 minutos en mi mente.

Todo se tornó muy negativo. Una manía persecutoria se cernía sobre mí. Todas las personas me hacían sentir desconfianza. Absolutamente todo carecía de sentido en mi mente.

Complejos conocimientos y sensaciones atravesaban todo mi ser. Oía voces que no existían y me temo que también veía personas que no existían. La delgada capa que separa la realidad de la imaginación había desaparecido por completo y las cosas iban cada vez a peor para mí.

Cruzaba pasos de cebra corriendo ante la incertidumbre de a cuánta velocidad iban los coches y si iban a frenar o no. Los arboles estaban vivos, joder. Era totalmente incapaz de saber a donde tenía que ir para estar a salvo. Me sentía como uno de esos perros que abandona la gente en vacaciones a causa de no saber dónde dejarlos. Desde ninguna parte hacia ninguna parte.

 

Caos y locura eran el coctel que había en mi mente. El instinto suicida. El homicida. Yo y otros tantos en mi propia mente. Discusiones con mi propio ser. Meditando si estábamos en 2016 o en 1977. Atando cabos entre tanto sinsentido y locura. Debía encontrar a alguien conocido y anclarme a él lo más rápido posible. Ya no importaba que me tomasen por loco, tonto o drogadicto. Lo único que necesitaba era que alguien me hablase y me dijese que todo iba a salir bien. Que todo acabaría y que recuperaría mis facultades mentales sin ningún problema. Huía de mi propio manicomio interior.

 

Encontré a Dami, Juan y unos pocos más. No recuerdo cómo ni en qué condiciones. Pero me salvaron literalmente de la locura. Entonces me fume un porro y todo se hizo mucho más llevadero. Al menos ahora podía ignorar las voces y las personas que no existían (este es un detalle que suelo mantener en secreto cuando cuento la historia, pero ya iba siendo hora de asumirlo).

Ellos iban a su rollo y ahora todo iba mejor. Me sentía más libre que nunca y por primera vez tenía la sensación de que el mundo sería perfecto si todos fuésemos ciegos de LSD cada cuando. Imaginaba como habría sido la línea evolutiva del ser humano si hubiese descubierto el LSD hace 5000 años y ante mí se abría una visión pacifica de nuestra especie. En contacto con la naturaleza y toda la vida en general.

 

Al rato las idioteces paranoides comenzaron a aflorar en mi de nuevo a causa de que me sentía incómodo y solo aun estando con gente. Incluso mi mente llegó a eliminar visualmente a la gente con la que estaba. Tomé la decisión de irme a mi casa e intentar conciliar el sueño.

 

Al llegar disfruté intensamente del LSD dibujando, escuchando música y masturbándome.

 

Si hay algo que aprendes después de eso es que Dios no existe. Somos nosotros, dentro de nosotros.

 

 

P.D.: No me volví loco, creo.

Historia de un manicomio en mi cerebro

Baby…

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…lo cierto es que en un césped

nunca pasa nada malo.

A veces pequeños bichos,

hormigas sobre todo,

suben por tu mano.

Cosquillean y sientes algo extraño.

Parte de la esencia de la naturaleza.

 

El principio,

y en algún momento,

el Fin.

 

No pasa nada malo.

El sol brilla.

Los pájaros siguen volando.

Los coches rugen.

La gente compra el pan.

En la calle huele a comida.

 

No siempre ocurre esto.

 

Pero al menos algunas cosas

van como tienen que ir.

 

Camino a mi casa mientras escribo

este poema.

 

Todo va bien.

 

Por un día

este mundo es hermoso.

 

Baby…

Lo de siempre

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A estas horas de la noche

ya no queda

nada

en ninguna parte.

Queda el hogar.

La almohada.

La música.

Mirar al suelo

como si fuese arte.

 

Queda descargar la energía

en ese colchón.

Dejarte absorber el alma

por el fracaso

del día.

Por el triunfo de

la noche.

 

Queda mirar los reflejos

de los neones

y de las farolas.

Cualquier destello.

 

Todos valen.

 

Queda sacar las llaves.

Llamar al ascensor.

Entrar y oler

el mal aire

que deja aquel vecino

del décimo

piso.

 

Entrar en la prisión.

Cerrar el sector.

Abrir la puerta.

 

Mirar el catre.

 

Pensar:

 

Ahí debería haber alguien.

Lo de siempre

Las noches que merecieron un poema

Las noches que merecieron un

poema.

El humo que flotaba

en el bar.

Los ojos

que miraban

otros

ojos.

 

Las noches de cerveza dorada

y hierba

verde como el Edén.

El humo blanco como la Luna

atravesada

en las ventanas

de la luz

nocturna.

 

Despertares necesarios

como el sueño

adormecido por la pesadilla.

El monstruo de la vida.

La solución.

La guía.

 

Saludar con los ojos el regreso.

El reencuentro.

Despedir con los ojos

el momento.

 

Tabaco de liar.

Ojos.

Esos ojos en concreto.

Nervios.

Temblores que te cagas.

Un único momento.

 

Llegó.

 

La noche donde no hay ciegos.

 

Nunca dejaré

de

verlo.

Las noches que merecieron un poema