si hay algo que me da mas miedo
que la muerte
es sin ninguna duda el olvido

el paso del tiempo
y el fallo de la memoria
es algo que me aterroriza

espero que el amor
no conozca
de años

no se
si estaré

pero esperadme.

la muerte me ha dicho que me quede por aquí un tiempo

Me rodea el misterio
de tu imagen
virtual.
Se como eres
y como brillan tus ojos.
Se como piensas
y creo que puedo adivinar
tus fantasias sexuales.

No importa que no seamos iguales.
No importa que no nos conozcamos de nada.
La Red nos une como un matrimonio
de por vida.

Se cual es tu apodo en redes sociales
pero no se como te llamas.
Tranquila
tu tampoco sabes
como me llamo.

Pero te juro
que me da insomnio
pensar que puedo verte
a través
de vibraciónes
electrónicas
y que no puedo tener ni tus besos
ni tus manos
ni tu pelo
en un mundo real
y no a través
de píxeles
de colores
y falsa
existencia.

Ahora me gustaría decirte
que eres una musa
para mi.
Solo quiero complacerte
con mi existencia
a través de mi pantalla.

no nos engañemos

yo soy un canalla
y tu eres una niña buena
de la alta excelencia
y no te hablo
de dinero
ni de riquezas.

Hablo de que te codeas
con la divinidad
aunque estes
en Tierra.

Aún asi, me queda espacio
para el dolor
y para cada puto llanto.
Por cada vez que me siento desorientado
me queda una pizca
de esperanza
por tu parte.

ahora quiero que vengas a mi
en el momento adecuado
quiero darte mi amor
te lo quiero susurrar como un canto
dispararlo como un misil

pero estoy cansado.
estoy tan cansado…
faltan horas para volver
a ese estado.
aun es pronto
y respiran en casa.

la dama sigue en pie
igual que yo.

ella no lo sabe pero yo
lo se.

pero no es,
tranquila,
no es.
no es morirme lo que quiero.

no es vivir lo que quiero.

quiero dormir despierto.
contigo durmiendo,
en la cama.

abajo el perro.
la casa.

la época de los juegos.

la mañana cálida.

el invierno.

Milán fue
y ya
no es.

adiós amiga.

pórtate
bien.

la muerte me ha dicho que me quede por aquí un tiempo

Autoestop

”Esto es un viejo relato que escribí hará cosa de dos años. Lo tenía abandonado por completo. Acabo de verlo y me ha parecido gracioso y digno de estar en el blog. ¿Debería haberlo enviado a alguna revista literaria? ¿Políticamente incorrecto? Ah vale, bueno, ahí va”:

 

Se bajó de la camioneta. Joker había parado en un claro en el medio del bosque. La niebla era tan densa que ni alcanzaba a ver dónde se había dejado el paquete de cigarrillos. Joker respiraba y sentía el hedor a humedad y a heces de oso. Todo parecía correcto. Un tranquilo sábado por la mañana en el bosque, allá por el Norte. En él se incluye una caja de cervezas, una petaca con dos dedos de Bourbon, un rifle con balas de punta hueca (totalmente ilegales) y un hermoso perro de caza llamado Fluffy. Un nombre un tanto irrespetuoso con el animal.

 

Empezaron a subir a lo alto de la colina. Joker se quejaba cada veinte o treinta segundos sobre su flato, sobre lo viejo que está, sobre lo jodida que es la vida y sobre lo jodido que es vivirla. A Joker la vida le parecía más bien como una de esas exhibiciones de natación sincronizada, pero sin premio. Mucho esfuerzo y ninguna recompensa. La recompensa de la vida se hallaba en la drogadicción y en el más absoluto desenfreno sexual  que pueda existir. Putas. Muchas putas en la vida de Joker. También algo de coca, setas, Peyote , LSD ,marihuana, caballo , cristal, crack. Lo que viene siendo un buen repertorio. Joker no estaba muy orgulloso de  él, pero joder, lo necesitaba incluso más que respirar. Era su propia manera de vivir.

 

Llegaron a lo alto de la colina. Joker apostó su rifle en el suelo, el cual miraba hacia un gran prado donde paseaban ciervos y otros animales de bosque. En aquella posición Joker se daba cuenta de lo grande que era el mundo y de la cantidad de animales que existen. Pensaba que con la cantidad de praderas como esa llena de animales que debe haber en  el mundo, se podría solucionar en un par de semanas el hambre mundial. Y ahí estaba él. Creando su propio refugio mental lejos de los partidos de fútbol y de los debates político-sociales de la actualidad. Entonces disparó:

-¡TOMA YA!  ¿Has visto que buen ejemplar Fluffy? Será perfecto para el ritual.

-(ladrido)

-Vamos pequeño, vayamos al Santuario a honrar a esta criatura.

 

Joker y Fluffy caminaron colina abajo, arrastrando ese precioso ejemplar de ciervo que debe de pesar unos entre unos 300 y unos 400 kilogramos y que por momentos va desangrándose. El ciervo tenía los ojos en blanco. Joker jadeaba a ratos. No paraba de maldecir sobre el tabaco y sobre que tiene los pulmones hechos mierda. Mientras tanto, iban llegando a la camioneta Chevrolet  y dejaban el cadáver del ciervo en la parte de detrás. Se montaron. Joker arrancó y fue dirección al Santuario.

 

De camino por la carretera, Joker vio un coche y una figura haciendo señales raras con la mano. Era una mujer. Joker y su apariencia de hombre de sesenta años le quitaban oportunidades con la chica. Su coche parecía estar averiado. Joker le preguntó:

-¿Necesitas algo, guapa?

-Ay, por favor… me preguntaba si…

-Dispara.

-…me preguntaba si me ayudaría a remolcar el coche hasta la gasolinera más próxima.

-No hay problema. Tú monta en la camioneta, ya lo engancho yo.

-Vale. Gracias.

Joker se puso a ello. Sacó el gancho de la camioneta y lo puso debajo del parachoques frontal. Subió la grúa. Se detuvo mientras maquinaba algo en su cabeza. La dejó de nuevo abajo.

Mientras tanto, la chica seguía en el coche. Permanecía inmóvil, mirando de reojo a Fluffy, el cual no le transmitía demasiada confianza. Fluffy gruñía y enseñaba los dientes. Apareció Joker en la ventana. La chica se llevó un buen susto. Fue como uno de esos sustos fáciles de las películas de terror de serie B. Algo típico.

-No voy a poder remolcar el coche me parece. El enganche esta suelto y me temo que pueda caerse el coche mientras estamos en marcha.

-¿Y qué hacemos?

-Bueno, para empezar, dime cómo te llamas si puedes ser tan amable.

-Liz. Me llamo Liz. De Lizanne, no de Elisabeth.

-Bueno, Liz. Dejamos el coche aquí. Yo te llevo a un hostal ahora mismo. Te pago una habitación y mañana por la mañana te recojo y venimos a por el coche con un mecánico de confianza.

-¿Y cómo te puedo pagar…?

Liz le hizo una mueca a Joker que fue una clara provocación (según él)

-Joker. Me llamo Joker.

Entonces Joker se sacó el pene y dijo:

-Así se puede pagar. Sin impuestos y sin declarar los gastos.

-¡JODER, VAYA TRANCA!

Esta vez había tenido suerte. No como aquella vez que una abuela casi le corta el pene con unas tijeras de podar. En la vida todo es probar. La ley acción-reacción.

Liz se puso a ello. Para ser casi un anciano, Joker lo hacía bien. Es decir, era capaz de mantener una erección el tiempo suficiente como para correrse. Liz estaba sorprendida por momentos. Joker terminó en su boca.

-Joder… que bien- dijo Joker.

-Me alegro de que te haya gustado, cariño.

Eso último no le gustó a Liz, pero lo dejó pasar.

 

Joker se montó en la camioneta. Tenía el pene lleno de pintalabios rojo. Liz se puso a buscar su pintalabios en el bolso. En ese momento, Joker sacó de su bolsillo un pañuelo impregnado en cloroformo  y se lo puso en la cara a Liz. Quedó dormida en menos de dos segundos. Fue como un truco de magia.

Joker recostó el asiento de Liz hacia atrás y le puso una manta encima. Fluffy jadeaba sin parar, con toda la lengua fuera colgando, mientras gotas de saliva  caían en el asiento dejándolo todo perdido. Joker conducía despacio y evitando carreteras principales. Poco a poco iba subiendo a la cima del monte en el que se encontraba el Santuario.

 

Llegaron al Santuario. Fluffy estaba muy feliz. Movía la cola de allá para acá, corriendo, saltando por todas partes. Joker cogió a Liz (que estaba en el más profundo de los sueños) y la llevó dentro del Santuario.

 

El Santuario no era más que una pequeña cabaña en el medio del bosque, hecha totalmente de madera y con ventanas pero sin ningún cristal. Ciertamente era un sitio abandonado que Joker había cogido para sí. En algunos recovecos de la cabaña había restos de huesos y calaveras de animales en lugares extraños. La cabaña era en cierto modo como las dependencias de un viejo cazador o algún ermitaño que acabó por ser comido por un oso o (si había tenido la mala suerte de ser negro) secuestrado y posteriormente crucificado por el Ku Kux Klan.

Joker entró con el cuerpo de Liz a rastras, mientras que Fluffy se dedicaba a olisquear toda la cabaña. En el medio había un sofá. Joker dejó ahí a Liz. Mientras, fue a fuera a coger el cadáver del ciervo, el cual ya daba clarísimas señales de descomposición, donde con un buen microscopio, se podría haber apreciado a los gusanos dándose un festín.

Instantes después, Joker apartó el sofá donde se encontraban Liz (que estaba sentada de un modo particularmente extraño) y el ciervo, el cual  estaba mitad en el sofá, mitad cayéndose al suelo. En ese momento, Joker abrió una trampilla que había debajo del sofá. Habían unas escaleras que bajaban de manera circular hasta abajo. Joker apartó un cuadro de Van Gogh  que había en una de las paredes y activó un interruptor. Se encendieron entonces las luces del Santuario. En un par de minutos, Joker ya había transportado al Liz y al ciervo escaleras abajo, no sin antes quejarse del flato y de la vida tan jodida que lleva.

Al llegar abajo, Joker pulsó otro interruptor. Se iluminó lo que al principio parece ser una sala de tortura, pero que enseguida se observa que es una especie de salón de rituales. Posiblemente relacionados con la magia negra. Joker llevó los dos cuerpos al centro de la sala. Amordazó a Liz y comenzó a destripar al ciervo sin ningún tipo de compasión. Le sacó todo: el corazón, los pulmones, el intestino, el estómago… La sangre la iba depositando en una vasija con unos grabados un tanto tétricos hasta para Joker.

Joker dijo en voz alta:

-Esta noche le toca a nuestro Señor, Fluffy. Necesita sangre nueva, sin duda alguna. Mira Señor, almas del bosque que han sido recuperadas por tu más fiel adalid…

 

A la vista de cualquiera, Joker era un tío con  el que había que llevarse un cuidado de cojones. Pero si alguien presenciase lo que estaba ocurriendo aquella noche, Joker parecería un psicópata. Una cosa que tampoco se puede descartar visto lo que estaba ocurriendo.

 

Liz se despertó y se vio maniatada y colgada del techo. Rodeándola, había muchos espejos redondos. Habían pintado ‘’RAMERA AUTOESTOPISTA’’ en el torso. Tenía las tetas como bañadas en sangre ya coagulada. Liz se miró horrorizada al espejo rezando por que lo de su torso fuese pintura, tras lo que  gritó:

-¡SÁCAME DE AQUÍ HIJO DE PUTA! SOCOROOO.

-Lo siento, pero debes sucumbir a los placeres del Amo-dijo Joker apareciendo de entre uno de los espejos que Liz tenía detrás de ella- esta noche volverás a nacer en los brazos del Amo, allá, en Orión.

-Tío, tú de dónde has salido. Venga, hagamos las paces, ya sé que la mamada no fue tan buena…

-SILENCIO-gritó Joker- no interrumpas el ritual, cojones.

Liz comenzó a gritar de manera desconsolada, pataleando de un lado para otro mientras lloraba. Cerca había una mesa llena de material para desollar ovejas. Mientras zarandeaba sus muslos, tiró la mesa. En una de esas patadas golpeó a Joker. Él la miró fijamente con una mirada que si llevase pólvora dispararía balas.

-LA HAS CAGADO ZORRA, FLUFFY, VEN AQUÍ.

En ese momento Fluffy apareció. No paraba de gruñir. Aparentemente estaba famélico. Mordía de manera aleatoria los tobillos de Liz, que seguía moviéndose  de un lado para otro. En ese preciso instante, Joker  cogió una brocha y comenzó a pintar a Fluffy con la sangre del ciervo. El chucho era completamente blanco, por lo que su aspecto era cuanto menos ridículo en ese momento.

Tras hacer eso, Joker le puso una corona de espinas a Liz, la cual llevaba clavada en sí un corazón y los pulmones del ciervo. Una cosa muy bizarra. También volvió a echar sangre sobre Liz como si fuese un artista contemporáneo plasmando su arte sobre un lienzo. Joker dijo entonces:

-Fluffy, ATACA.

Fue una auténtica carnicería.

 

Días después, tras una jornada de caza sin ningún triunfo notable, Joker iba de camino al Santuario, cuando un tío apareció en una curva con un cartel de autostop. Joker le dijo:

-¿Necesitas algo, tío?

 

El tipo subió y Fluffy comenzó a babear.

 

Autoestop

God inside me

¿Quién eres?

O mejor dicho,

¿qué eres?

 

¿Por qué estás ahí?

¿Por qué me preguntas esas cosas todos los días?

 

Estoy seccionado en dos

y aun no tengo respuesta

para averiguar

quién hay al otro lado.

 

Dudo que sea un trastorno.

Sería algo más incontrolable si lo fuese.

Pero ahí esta.

A veces está fuera durante unos días

y luego vuelve.

 

Es sin duda una persona que me llena de tristeza cada vez que aparece.

No hablo de nadie físico.

Nadie cuyo cuerpo pueda proyectar una sombra.

Nadie cuyas manos puedan tocarme.

Solamente susurra

cosas como estas.

Cosas que pueden trascender en alguna parte

pero no en mi .

 

Volverse loco es una de las mejores cosas que nunca me habían pasado.

 

Estoy encontrando belleza donde antes solo había telarañas

y rincones huérfanos , mojados.

Ya no hay espacio para nadie más.

Él ha ocupado todo el sitio que quedaba

y ahora es el momento

de seguir la voluntad

de ambos.

 

Aún recuerdo aquel día

donde la magia negra me cambió para siempre y rompió

en mil millones de pedazos

lo que era.

 

Nadie puede entender esta mierda.

Solo yo.

No te identifiques conmigo, ni si quiera un poco.

No me alabes por esto;

no es algo bonito de leer.

Son conjeturas de locos.

Son colores que no puedes ver.

Son sonidos que no puedes oír.

Son pajas que no puedes terminar.

Son besos que no puedes dar.

Son frases que no puedes decir.

Es basura que no puedes limpiar.

Intenta no seguir mis pasos,

porque yo he tenido suerte,

pero eso no significa que tú te vayas a salvar.

 

Aun así, ni lo intentes, porque no existe ninguna mierda

que vaya a salvarte

de la Muerte.

God inside me

Historia de un manicomio en mi cerebro

hannibal-y-policias

 

Me encontraba en el sitio de siempre, a la hora de siempre, con los de siempre. Llevaba ya un par de horas bebiendo cerveza y fumando hierba. Todo empezaba a dar vueltas y las cosas cada vez tenían menos sentido. Como siempre, empezando la casa por el tejado.

Llevaba 10 euros encima. La cantidad indicada para conseguir la droga deseada en cualquier momento.

El impulso estaba ahí. Ya casi iba a ello. A hacer la ruta, para volver y entrar al baño a hacer otra ruta distinta…

Gorio pegó un grito, como de costumbre:

-Villazón, espérate. Está dentro mi colega, el del LSD.

-¿Si?

La noche ya llevaba horas desarrollándose de manera extraña, con acontecimientos y personas poco deseadas. Entré y vi a su colega. Un hombre de aspecto cuanto menos digno de observación se encontraba sentado en uno de los bancos de la entrada, con una boina (¿lo era?) y una gabardina de cuero. Vamos, el típico atuendo que la policía quiere que los vendedores de droga tengan. Nos saludamos mutuamente.

-¿Tienes LSD?

12BI, es una variante menos potente. Todo más sensorial, con menos paranoias visuales.

-Guay. ¿Cuánto?

– 10.

– Hecho. Ahí lo llevas.

Sacó entonces un chivato de plástico y me lo dio. Dentro había una un pequeño trozo de papel secante impregnado en el ácido. Lo cogí. Ahora era el momento de hacer preguntas.

-¿Me lo tomo entero?

-Puedes tomarte medio, pero no te aseguro que vayas a sentir nada. Si eso te tomas la otra mitad.

-Entonces me lo tomaré entero.

Me introduje el ácido debajo de la lengua. Tenía un sabor amargo, pero no del todo desagradable.

-En aproximadamente 45 minutos o una hora empezarás a notar algo- me dijo él.

 

Le di las gracias y salí de allí a toda velocidad, aun con el cartón debajo de la lengua y caminando entre la gente con mucha energía.

Me di un paseo. Yo solo. Habrían pasado como unos 25-30 minutos. Aún no notaba nada conciso. Tan solo se me había dormido la lengua y poco más. Entonces volví a repu, y me encontré con Gregorio. Ya empezaba a notarme un poco más extraño. Más cercano a todos y a todo. Con la mente muy despejada.

Las personas me parecían sencillamente maravillosas. Todo el mundo me miraba, o al menos yo sentía que así eran las cosas.

Encontré a Gregorio (o él me encontró a mí, que es más probable). Me llevó a un sitio apartado donde no había  gente y empezó a preguntarme cosas que no recuerdo sobre cómo me sentía o lo que estaba viendo.

En ese preciso instante fue cuando TODO comenzó. Miré hacia arriba durante unos segundos, hacia las ventanas de un edificio. Visualmente las apreciaba como si tuviesen la textura de un cuadro, pero todo oscilaba cambiando las sombras de lugar. Había comenzado, desde luego.

 

Todos los recuerdos que tengo de las siguientes 6 horas (¿lo fueron?), están muy difuminados, así que me iré a la parte tétrica del viaje. A lo malo.

 

Había perdido a todos mis amigos. No tenía referencia de dónde estaba, hacía donde me tenía que dirigir, y lo mas estresante: no sabía cuanto tiempo me quedaba para volver a la normalidad.

El tiempo se distorsionó para mi. Los segundos eran eternos. Recorrer 100 metros equivalía a 30 minutos en mi mente.

Todo se tornó muy negativo. Una manía persecutoria se cernía sobre mí. Todas las personas me hacían sentir desconfianza. Absolutamente todo carecía de sentido en mi mente.

Complejos conocimientos y sensaciones atravesaban todo mi ser. Oía voces que no existían y me temo que también veía personas que no existían. La delgada capa que separa la realidad de la imaginación había desaparecido por completo y las cosas iban cada vez a peor para mí.

Cruzaba pasos de cebra corriendo ante la incertidumbre de a cuánta velocidad iban los coches y si iban a frenar o no. Los arboles estaban vivos, joder. Era totalmente incapaz de saber a donde tenía que ir para estar a salvo. Me sentía como uno de esos perros que abandona la gente en vacaciones a causa de no saber dónde dejarlos. Desde ninguna parte hacia ninguna parte.

 

Caos y locura eran el coctel que había en mi mente. El instinto suicida. El homicida. Yo y otros tantos en mi propia mente. Discusiones con mi propio ser. Meditando si estábamos en 2016 o en 1977. Atando cabos entre tanto sinsentido y locura. Debía encontrar a alguien conocido y anclarme a él lo más rápido posible. Ya no importaba que me tomasen por loco, tonto o drogadicto. Lo único que necesitaba era que alguien me hablase y me dijese que todo iba a salir bien. Que todo acabaría y que recuperaría mis facultades mentales sin ningún problema. Huía de mi propio manicomio interior.

 

Encontré a Dami, Juan y unos pocos más. No recuerdo cómo ni en qué condiciones. Pero me salvaron literalmente de la locura. Entonces me fume un porro y todo se hizo mucho más llevadero. Al menos ahora podía ignorar las voces y las personas que no existían (este es un detalle que suelo mantener en secreto cuando cuento la historia, pero ya iba siendo hora de asumirlo).

Ellos iban a su rollo y ahora todo iba mejor. Me sentía más libre que nunca y por primera vez tenía la sensación de que el mundo sería perfecto si todos fuésemos ciegos de LSD cada cuando. Imaginaba como habría sido la línea evolutiva del ser humano si hubiese descubierto el LSD hace 5000 años y ante mí se abría una visión pacifica de nuestra especie. En contacto con la naturaleza y toda la vida en general.

 

Al rato las idioteces paranoides comenzaron a aflorar en mi de nuevo a causa de que me sentía incómodo y solo aun estando con gente. Incluso mi mente llegó a eliminar visualmente a la gente con la que estaba. Tomé la decisión de irme a mi casa e intentar conciliar el sueño.

 

Al llegar disfruté intensamente del LSD dibujando, escuchando música y masturbándome.

 

Si hay algo que aprendes después de eso es que Dios no existe. Somos nosotros, dentro de nosotros.

 

 

P.D.: No me volví loco, creo.

Historia de un manicomio en mi cerebro

Si vinieran los gitanos…

Incluso cuando no lo sabes

la luna está mirándote

allá donde estés.

Te persigue. Intentar

escapar

es tan solo una tontería.

 

Sabe que estás perdiéndote.

Tú también lo sabes.

 

Puedo asegurar que el ultimo aullido

del escondite de la luz

es mío.

Tan solo mío.

Los pantalones encima de la silla.

Los papeles en la mesa.

15 céntimos en la mesilla.

Los cristales empañados.

Libros inútiles.

Un paraguas inútil cuando no quieres

parar el agua.

Gafas de sol inútiles

cuando no te ciega la luz.

 

Los pósters.

El café de esta mañana.

Pañuelos.

La luna no sé dónde está.

 

Ya no me hará falta.

 

Ya no necesito la luna para escribir mis poemas.

Este era el último de mis alaridos oníricos.

 

El amanecer asesina las esperanzas del regreso de mi anhelo mortal.

 

Mañana habrá más café, sin duda.

Si vinieran los gitanos…

Aún jadeo

Cheetos en los dedos. Exacto. Puro colesterol para mi sangre. Una botella de Emdbrau debajo de la mesa.  Un pitillo de marca Pueblo apoyado en el cenicero. Encima de la mesa, un precioso vaso de cerveza bien fría. Todo esto cuando se supone que debería estar estudiando o alguna de esas cosas que debe de hacer la gente de mi edad.  Le pego un trago y exhalo el placer con un pequeño gemido que menos mal que solo yo puedo percibir. La auténtica vida.

 

Llevaba un par de semanas sin escribir absolutamente nada. Ni un verso. Ni siquiera pensando en poemas. Suele ocurrirme cuando tengo temporadas muy prolíficas en cuanto a escribir basura refiere. He estado dedicando mi tiempo a otras cosas: ‘’estudiar’’, ‘’salir de fiesta de manera para nada descontrolada y manteniéndome lejos de yonkis y borrachos’’, ‘’comer comida totalmente sana, sin azúcares ni grasas añadida ‘’. Un poco lo de siempre.

 

De vez en cuando el gusanillo literario me ha llamado, pero lo he mandado a tomar por culo. Estoy decepcionado que te cagas con él. Os cuento:

 

El otro día estaba en alguna parte que no recuerdo. Cerca de una gran masa de agua, eso sí. Bueno pues, estaba viendo a un montón de borrachos (buscando mujeres) y de tías corriendo por ahí buscando hombres (seguramente) y se me ocurrió saltarme una norma: nunca escribir en móvil. Prefiero que se me vaya a la mierda la idea a que tener que dejarla abandonada en el bloc de notas de mi teléfono.  De todos modos me salté mi norma, y comencé a escribir el poema. Lo terminé, lo leí un par de veces, y joder, llegué a pensar que era bueno de cojones. Pero no. Era muy malo. Malísimo. Decepcionante.

 

Desde ese momento, he estado unas semanas sin escribir absolutamente nada.  Me he pasado unos días preocupado, pensando que ya no sabía hacerlo. Que era el fin. Que nunca volvería a levantar cabeza desde ese truño. Pero lo dejé pasar e intenté disfrutar del dolor, de la compañía y de las drogas.

 

Han pasado cosas ciertamente interesantes estos días. Esas pequeñas tragedias que observas día a día que te hacen plantearte si debería volver al planeta el meteorito que hizo desaparecer a los dinosaurios. Debería.

 

Hará un par de días. 32 grados. Un calor que te cagas y yo sudando más de la cuenta. Llego al cruce antes de llegar a mi casa. Es hora punta. Mucho tráfico. Harían falta un par de huevos para cruzar la carretera. Mejor esperar el puto semáforo y no morir ese día.

Bueno pues estaba esperando el semáforo, cuando un ex -bakala  viene corriendo hacia mi acera, con miles de coches deseando atropellarle. El autobús a punto de cernirse sobre él. Casi  estaba viendo como lo iba a despedazar sobre el asfalto. Pero lo logró. Y tras lograrlo, no se le ocurrió nada mejor que santiguarse. Oye capullo, creo que Dios no te salvó. Es más, diría que era el primer interesado en ver tu culo en las puertas del Edén.

 

-Casi la palmo colega.

Asentí riéndome y los dos seguimos nuestro camino.

 

Cosas así han ido ocurriendo en los últimos días. No es la más terrible ni de cerca.

 

Mientras hago memoria sigo aquí. En el plan de antes. Quedarán tres o cuatro Cheetos. No me he parado a mirarlo. Están deliciosos joder. Me haría una raya con el polvito que sobra en el fondo, a lo American Dad. También ha llegado la hora del siguiente pitillo. Del siguiente vaso. Ojalá del siguiente peta. Pero paso bastante en realidad. Me bajonean demasiado los porros. Así es muy jodido escribir.

 

Eso me recuerda a lo jodido que es soportar ciertas cosas cuando vas bolinga.

 

El otro día. Sábado creo que era. Se jugaba la final de la copa de Europa. Nadie en la puta calle. Todo el mundo agarrándose los cojones mutuamente y pajeándose la mente con la victoria de su equipo. Yo estaba en el Vives con el Tuga y Paco. Fuimos al Karmen a ver la primera parte del partido. Metió el Real Madrid. Fin del partido.

Hablamos con Isaac y montamos un plan para irnos al monte a dar una vuelta. Así hicimos. Esperamos a Isaac un buen rato. La cerveza se calentó. Por fin llegó y nos montamos  en el coche. Un BMW.

Primero hicimos una parada en el Mcdonald’s. Yo iba en el asiento de atrás con Tuga y Candy (que se unió a la fiesta). Bebíamos litros de cerveza calientes y hablábamos de gilipolleces. Vi el casco de la moto de Isaac y me lo puse. Parece como uno de esos cascos alemanes de la 2ª Guerra Mundial. Cuando paramos en el Mcdrive o como se diga, el de dentro se quedó un poco perplejo. Pero lo asumió y sin dilación le dio la comida a Isaac.

Tras esto fuimos al monte. Paso de contar todo esto porque fue una hora y media de cinco maricas cagándose de miedo en el bosque por gilipolleces absurdas.

Cuando llegamos de vuelta al centro, era todo una absoluta locura. Legiones de madridistas chuleando de triunfo. Gente gritando. Cantando. Niños (o chavales) conduciendo el Porsche Cayenne de sus padres, alardeando de ser ricos. Todo guay. Con esta iniciativa por el fútbol podríamos montar una revolución bolchevique en cuestión de horas.

Tenía un poco de frío y ya estaba de bajón por el alcohol y tal. Isaac me dejó en cerca de mi casa y me di una vuelta. Mucha gente disfrutando de sus colores. Una absoluta locura.

 

Ya queda menos para que se acabe el litro de Emdbrau y necesito un merecido descanso, tras el cual proseguiré con mi relato sobre la infame sociedad del siglo 21.

 

Tras esta interrupción seguiré.

 

Era viernes y tenía unas ganas que te cagas de pasármelo bien. Fui a *****y le pillé 5 euros de polen. Muy bueno, por cierto. Fui para la casa de Benz (donde hay un estudio de grabación), para pasar un rato con Paco (Mayor), Benz y Ginger. Subí a la casa y estuve un buen rato allí. Me fumé un peta. Ya había empezado el viernes.

Tuga estaba impaciente por saber donde estaba. Pero el estudio me reclamaba, pues estaban grabando un tema el cual llevaba mi instrumental. Quería ver el proceso. Además debía entregarle unos archivos de este rollo a Ginger.

Tras eso fui a casa de Mayor. Cenamos ahí. Pechugas de pavo y unas tortillas buenas de cojones. Luego vino Isaac y fuimos a la calle. Ibamos camino de Las Jarras. Otro de los tantos sitios donde se bebe cerveza al aire libre sin que sea delito. La doble moral.

En ese momento me llamó Tuga, diciéndome que estaba por Las Ratas con Charlie y Mr.G. Fui para allá a ver por qué cojones estaban tardando tanto en venir.

Al llegar estaban todos de palique con un par de farloperos. Buena gente. Pero no de fíar.

Mi objetivo era recogerlos. Pero el proceso duró demasiado. No paraban de hablar sobre temas que me daban igual y estuve a punto de abandonar, pero Mr.G se puso comprensivo y nos dimos una vuelta.

Esa noche hubo más droga, más alcohol, más palique, más aburrimiento hasta las 4 de la mañana o algo así. Pisamos Republika un par de veces creo recordar. No recuerdo como llegué a mi casa.

 

 

Todo esto es el relato de la necesidad. De la vida. De la muerte. De los sábados y los viernes. El relato de querer desinhibirte hasta no querer recordar nada. El relato de lo necesario. El relato de la ausencia de poema. La epopeya de la falta de guita para salir de fiesta. El resumen de la masturbación hedonista. El odio. El amor. El olvido de las horas y el paso de los segundos.

Siempre hay que poner algo de droga entre la droga. Basura entre basura. Tiempo entre tiempo.

Ya no hay cerveza. Tampoco Cheetos.

Aún jadeo